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26 diciembre, 2017

4.Perla de Mar *Lágrimas de Mar*

Cuando Alix abrió los ojos, una muchachita  diminuta, del tamaño de una niña, pálida cubierta de cabeza a muslos con un hermoso manto de cabello rojizo como el pétalo de una rosa... rosa.. Rose 
pensó Alix, para inmediatamente echarse a reír, Rose nerviosa y aun sintiendo el picorcillo de la magia en sus nuevos miembros también estalló en carcajadas.
-Tengo frío.- dijo Rose y sus tripas crujieron denotando que no era solamente frío lo que sentía, asustada por sus nuevas reacciones corporales Rose, pegó un saltito y al no estar acostumbrada a poder moverse o tener piernas inevitablemente se precipitó al suelo.
-‎Mi maceta! Me he roto! Dónde esta mi maceta? ayúdame Alix!!.- sollozaba en el suelo la pobre flor.
-‎Tranquila.- la reconfortó ésta.- todo está bien, Rose ya no necesitas la maceta, ven, apoyate en mis manos, te ayudaré a incorporarte, vamos, sólo son cuatro pasitos hasta el lecho, no voy a soltarte, tranquila, puedes hacerlo.- Alix dijo todo esto en un susurro tranquilizador y con suaves movimientos ayudó a la flor a ponerse en pie y dar sus primeros pasos hasta aferrarse temerosa a uno de los cuatro apoyos labrados que formaban el dosel de su cama. Allí, la sentó sobre la  mullida superficie y el sentido del tacto de Rose también tuvo su primera toma de contacto al recostarse.
Rose era como una niña y no lo era a la vez pensó Alix, no sabia nada del mundo y todo debía serle explicado como si de un bebé se tratase, pero aun así, Rose no era una niña, sabía cosas, secretos de flores como ella misma admitiría en alguna ocasión.
Estuvieron todo el día arreglando a Rose, primero, Alix tuvo que bajar hasta las cocinas sin ser vista por ningún criado, y robar unas tijeras, después de arreglarle el  cabello Rose se veía preciosa, una cascada de ondas carmesí con las puntas doradas le enmarcaba el rostro y la espalda, mas complicado fue convencerla de meterse a la tina y bañarla, sin revelar el motivo Rose lloró amargamente mientras Alix con suavidad la mojaba con agua templada y con un trapo y jabón que ella misma había aprendido a hacer con viejas recetas a base de grasa y esencias de lavanda y bergamota.
La piel de la flor era blanca como la nieve, Alix se preguntó mientras la secaba con un lienzo por qué no tenía ni un sólo vello en el cuerpo, cejas, pestañas, la divina cabellera, pero nada más, ni un triste lunar que rompiera la perfecta blancura en su piel.
Encontrarle vestimenta fue otro cantar, Rose era mucho más delgada y menuda que Alix. Sobre el lecho se veían un enorme amasijo de vestidos, falda, corpiños, camisas, blusones y demás prendas descartadas.
Desesperada, Alix se sentó en el lecho con la cabeza entre las manos, pensando, tal vez podría robar algún vestido de las criadas, algunas de ellas eran niñas de diez años o menos la talla justa de Rose al parecer, un relámpago de rabia cruzo su mente, ella quería presentarla a su padre debidamente, no disfrazada de una vulgar sirvienta, enfurruñada, sintiendo que había fallado otra vez, levantó la cara hacia el infinito, lo justo para ver como Rose se metía por la cabeza un camisón viejisimo suyo y del cual ignoraba su existencia.
-Alix!!.- Rose acudió entusiasmada.- este me queda bien, no me cae, ves?..
-‎Rose, eso es un camisón no puedes...- Alix se quedó a media frase, se le acababa de ocurrir una idea, como un trueno salió disparada de la habitación no sin antes cerrarla con llave por si acaso.
subió al galope las escaleras hasta llegar a la puerta de servicio oculta tras una pared con mecanismo, lo activo girando una perilla de la pared que a cualquier extraño le habría parecido un adorno sujeta cortinas y accedió a los húmedos y lúgubres pasadizos, aquí no había moquetas ni candelabros de luz cálida, de hecho hacia muchísimo frío y las paredes rezumaban agua y humedad desde siempre, Alix sabia a dónde iba, no tenía miedo, atravesó el pasillo lateral del ala de servicio hasta llegar al fondo donde un ojo experto como el suyo adivinaría los goznes y el marco de una puerta disimulada, del delantal, sacó aquella llave maldita del bolsillo de la bata, la puso en el cerrojo, se abrió inmediatamente cómo si alguna mano mágica la hubiera estado engrasando todos estos años.
Salió al exterior y como siempre, dejó por un momento que la fresca brisa del mar le arrebatase los ojos en lágrimas.
-Hoy no vengo por ti, no vengo a llorarte ni a odiarte madre.- Le susurró al viento, el mismo que se llevó esas pequeñas gotas traicioneras de sus ojos.
Se concentró, estaba en la cala por un motivo.
Dejó que sus recuerdos volvieran a ese día, sus músculos se tensaron por el dolor pero había entrenado demasiado su mente como para bloquearse por ello, la película se desenrolló en su mente como una serpentina de dolor, su mano, su sonrisa, su urgencia, su adiós.
Se tensó, olvidaba algo, un detalle, no lo obvio del recuerdo, otra cosa, algo que entonces no pareció importante, los ojos de Alix seguían cerrados, estaba sondeando muy profundo en sus memorias más dolorosas.
La caja labrada, el cofre del tesoro como lo había llamado ella siendo pequeña. Dónde?
Abrió los ojos, ya sabía dónde, al final de la playa, en un pequeño escondrijo, rió amargamente por sus propios recuerdos inocentes, ella había estado tan feliz, ella le había sonreído tan encantadoramente..
Alejando esos pensamientos se dirigió al lugar exacto, con una piromancia básica iluminó la diminuta caverna y entró en ella.
El fae naranja se movia a su arrededor iluminando su paso pero teniendo cuidado de no tocar a su ama, 
Alix solía conceder en cierta forma cualidades humanas a todas sus manifestaciones mágicas, el pequeño fae era simplemente un fuego fatuo con habilidades más desarrolladas.
La caverna que ella recordaba pequeña y apretada, tenía un tamaño considerable, estalactitas y estalagmitas se cruzaba entre el suelo y el techo formando columnas y pasadizos.. En el techo naturalmente abovedado crecía una colonia de hongos reflectantes, pero a la luz del fae pyros parecían un montón de champiñones gigantes colgando del techo lánguidos y desanimados. Al final de la gruta se escuchaba agua cayendo, una cascada o un salto de río, Alix no lo sabia y aunque la curiosidad le hacia cosquillas por todo el cuerpo, recordó que Rose estaba sola en la recámara encerrada con magia.
Se posicionó en el centro del lugar y ordenó al fae hacer un barrido despacito, para que ella pudiese analizar la pared y dar con el escondrijo.
Por horas estuvo en la gruta, dando vueltas y palpando la roca desnuda, al final ya casi a punto de rendirse, tuvo una última idea loca. 
Ordenó al fae apagarse quedando sola en la oscuridad por un instante, poco a poco, por el techo y las paredes de la gruta comenzaron a brillar pequeños líquenes y hongos que la cubrían, un falso manto celeste se desplegó sobre ella , tan sólo una parte rectangular de la gruta no emitía bioluminiscencia alguna.
Se acercó con prudencia, aun así al tocar la roca desnuda un chispazo le quemó los dedos.. Hechizo de ocultación y barrera, pensó para sus adentros, no parecía difícil de romper, seguramente algún aprendiz había pasado su examen haciendo ésta chapuza.
Se concentró, cerrando sus ojos sintiendo las fibras de las que estaba formado el sello mágico cómo quien acaricia suavemente una tela de araña, los tocó con su mente, con su poder, no quería ser convencido, era un conjuro masculino sin duda, harta de sutilezas Alix posó las dos manos sobre el rectángulo negro, quemaba pero aguantó firme, acercó sus labios a sus manos y firmemente su magia le ordenó al hechizo apartarse, funcionó, como siempre, tenía las manos un poco rojas y adoloridas pero el escondrijo estaba a la vista, un escondite mágico, se dijo, podría haber sido una bolsa de viaje dónde entrase una mansión con muebles y criados, esto era lo mismo, con resignación suspiró y remangándose metió la cabeza agachándose e impulsándose hasta pasar el cuerpo por la abertura cuadrada y estrecha, dentro del escondite estaba oscuro, la sala se iluminó cálidamente en cuánto el Fae se encendió de nuevo, estaban dentro de lo que parecía una caja de madera, no una caja no, una biblioteca gigante, las paredes del escondite estaba completamente forradas de estanterías oscuras de nogal antiguo en el centro del escondite un baúl enorme y robusto, adornado con bellas ondas talladas en la madera, dibujos que recordaban al mar y su movimiento ondulante, las esquinas de latón y la cerradura de orfebrería relucían cómo si de oro puro se tratase.
con precaución, acercó los dedos a la bella cerradura ya se había quemado una vez, podría tener otra trampa mágica esperándola.
Pero estaba limpia, la llave de la puerta también abrió el cofre,
Alix sabía que en ese receptáculo contenía todas las cosas de su madre y muchísimos secretos pero también había otra cosa, su vestido, toda la ropa que le tejió su madre y lazos y cintas que le gustaba llevar en el pelo, antes..
Por los pies se quitó una de las cuatro combinaciones que llevaba, metió dentro toda la ropa que pensó podria valer e hizo un hatillo con la tela blanca para transportarlo.
Pensó en dejar la caja donde estaba, pero nunca se había preocupado por aprender los rudimentarios usos de la magia ni practicar los encantamientos que su padre instruía a sus estudiantes, ella tenía un poder diferente, con leer una vez un hechizo podía lanzarlo, mutarlo o evitarlo, pero no recordarlo exactamente.
Además su padre se daría cuenta de inmediato, que fue ella y no otro el que había abierto la barrera porque ninguno de sus pupilos sería tan temerario de mutar un encantamiento que El nigromante hubiera lanzado.
Maldiciendo por lo bajo arrastró el barroco cofre afuera del escondrijo, y con una mueca de disgusto o resignación se teletransportó con todo y la caja dentro de su alcoba.
Rose pegó un grito, Alix acaba de materializase delante de ellacubierta de barro, lodo, o simple porquería, además portaba un batiburrillo cosas, algo que parecía ropa sucia y una enorme caja rara pensó Rose.

01 junio, 2016

3. Flor de mar *Lágrimas de Mar*

Dejé la maceta en un lugar donde aun guarecida del viento, le llegase toda la luz posible. 
Nunca había cuidado de nada salvo de si misma y realmente no sabia que quiso decir su padre con eso de ganarse su confianza, a fin de cuentas, sólo era un vegetal.
Cada mañana al pasar por delante de la flor, Alix tomó por costumbre darle los buenos días, al principio como una broma y mas tarde como un inesperado consuelo a su soledad comenzó a hablarle y relatarle sus cuitas y preocupaciones como si de una querida amiga se tratase. 
Pasaron los aciagos meses invernales, por primera vez en su vida Alix ya no se sentía sola, ahora tenia a su flor preciosa. A su Rose.. Fue un día de los primeros de mayo cuando, sucedió algo maravilloso, al despertar Alix se dirigió a saludar a su flor predilecta, igual que siempre, pero al decir :-Buenos días hermosa Rose-
La mismísima flor le contestó:
 -Buenos días querida Alix.
Estupefacta la muchacha corrió hacia la maceta, su flor hablaba! 
-Oh! Rose que feliz me hace escucharte, has estado a mi lado y tu compañía silenciosa me hizo mucho bien pero ahora todo será aun mejor.- exclamó Alix febril de gozo. 
-Yo soy quien es mas dichosa Alix querida, tu dedicación a mi me ha otorgado el don de la palabra, dentro de poco seré completamente humana y podremos estar juntas para siempre.- Dijo la flor encantada.
-¿completamente humana? Que quieres decir, inquirió Alix curiosa.
-Si, con tu poder puedes transformarme en humana y así ambas tendríamos compañia- respondió esperanzada la flor.
Alix calló pensativa en ese momento, la posibilidad de ser querida y no volver a sentir la amarga dentellada de la soledad estaba muy cerca, a un hechizo de distancia. Mas si algo aprendió de su madre había sido a no fiarse ciegamente, dudo un momento mientras ponía sus pensamientos en orden y finalmente se le ocurrió la solución perfecta.
-Tienes razón Rose- dijo Alix con una sonrisa.- te haré humana, llevo sola demasiado tiempo.
Alix junto sus manos y cerró sus ojos, con el lenguaje de los antiguos formuló el encantamiento, mas le añadió algo de cosecha propia.. Rose seria humana, en todos los sentidos, pero si por algún motivo ella intentase abandonarla, el hechizo se rompería, devolviéndole su primigenia forma de flor en su maceta.
oculto ese detalle con magia, la flor nunca lo sabría, nada pasaría, a no ser que la traicionase.  

2. Roca de mar *Lágrimas de mar*

Me miró, como se mira, a las ratas. algo inútil que solo gasta tiempo y recursos.
Después. Abandonó el salón sin dirigirme ni una sola palabra .
Caí sobre mis rodillas, lágrimas estúpidas caían por mi rostro, qué había hecho.. Ella se había ido, me abandonó.. Ni siquiera lo pensó un instante, en cuanto salimos al exterior saltó al mar.. Soltó mi mano con una sonrisa en los labios, me dejó sola en la playa, se iba a casa, de vuelta al mar.
Grité, pegando con los puños en el suelo, me hice sangre y tuve que parar porque realmente dolía, me di cuenta, en un relámpago de claridad.. Que todo, absolutamente todo, había sido un engaño, ella solo me había usado, para conseguir su propósito.. Dejarnos.
Y la odié..
Dentro de mí, en ese momento se despertó algo, oscuro y retorcido.. Poderoso, lo noté nacer y hacerse más y más fuerte cada día, cuanto mas odiaba su recuerdo, más sentía ese nuevo poder naciente.. 
Mi padre me castigó con su hermético silencio, una profunda desesperanza asoló el castillo.
En mi solitaria cama di vueltas noche tras noche, lloré y supliqué por su regreso, infinidad de noches bajé a la cala en pos de una vana esperanza, nunca volvió.
Al pasar los años mi dolor se enfrió.. No desapareció sólo se hizo soportable, lo justo para sobrevivir. La noche de mi décimo cumpleaños tomé la decisión de ser la dueña de mi destino, estudiaría clandestinamente los libros de Padre, aprendería a usar y controlar el poder que nació del dolor mas puro, y después.. Buscaría respuestas. Una noche, cuando estaba hurtando en la biblioteca, él me pillo con las manos en la masa, me encojí contra la estantería temiendo una tunda por el atrevimiento..pero simplemente agarro el libro que tenia entre mis manos y lo hojeó.. 
Con un gruñido puso tres grandes tomos encuadernados en piel en mis aún temblorosas y asustadas manos, -memorizad esto.- dijo escuetamente.
A partir de esa noche, y durante los siguientes ocho años mi padre que jamás me hablaba y mucho menos me tocaba o profería cariño alguno, me instruyó, entre bramidos y agasajos fué confiándome sus conocimientos.. Poco a poco fuimos hilando la madeja de sus habilidades.. Recordando hechizos de antaño y viejas pócimas.
Aprendí a conocerlo, aunque era esquivo y maniático.. Su ira se encendía rápido como un ascua impaciente.. Calmarlo era sencillo teniendo a la mano algún dulce o bebida espirituosa. "Argucias femeninas. El mas porfiado de los encantamientos". Solía refunfuñar mientras masticaba una delicia turca. 
Cuando cumplí dieciocho me llevó a la cala para darme un presente, una flor mágica, aparentemente parecía una rosa común, mas tanto sus colores dorados y rojos como el brillo que profería hacían validar su poder.
-cuida de ella, trátala como lo más valioso,  te será útil si te ganas su confianza.- dijo mi padre al tiempo que hacia un símbolo con los dedos en el aire. 
De pronto, me encontré en mi alcoba con una maceta en mis manos y la flor estaba en su interior. 

1.La Roca *lágrimas de mar*

La fortaleza de mi Padre. Un palacio construdido sobre una isla, cubriéndo absolutamente todo el terreno, bajo los muros de piedra inamovible estallaba el oleaje..
Crecí viendo el mar.. Tan sólo el infinito azul desde cualquier vista.
Mi padre era un ser de oscuridad, un nigromante, era temido, como tan sólo son temidos los dioses. Y respetado por reyes y majestades de todo tipo.
En contadas ocasiones lo vi de niña... En el castillo no acostumbramos nunca de una vida familiar al uso, frecuentemente llegaban barcos al único puerto abierto en la isla.. Hombres de todos los rincones del mundo venían a precisar algún menester de mi padre.
Mi madre, al recordarla, siempre siento como un guijarro atrapado en la garganta,
Era la criatura mas hermosa que jamás contemplé.. Su tez casi irisada, aquella ternura inmensa en sus ojos verde mar, en su boca trémula y roja siempre quise adivinar un beso escondido.
Su voz, delicadas campanillas, 
Madre hasta que ocurrió la desgracia, jamás salió de sus aposentos, la recuerdo en el balcón apoyada mirando hacia el infinito mar, leyendo sobre su butacón o tejiendo afablemente junto al fuego... 
Ahora, al recordarlo, es extraño que nunca, me preguntase el porqué.. Pero no conocía nada más, la amaba.. 
Nunca pensé que hubiera algun secreto entre nosotras.
En el amanecer de mi quinto cumpleaños un caballero llamó a la puerta de nuestra estancia, sus golpes resonaron contra la madera polvorienta, dijo ser un hombre de la confianza de Padre y que su cometido era llevarme con él.
Por vez primera en mi corta existencia abandoné el gineceo escoltada por el misterioso caballero.
Recorrimos el laberinto de corredores y escaleras que formaban las entrañas del castillo, subimos y bajamos muchos peldaños también giramos a la izquierda varias veces. 
El caballero paró su marcha de golpe y por poco no me estrello contra su espalda.
Observé el lugar donde estábamos, se trataba de uno de los corredores exteriores, la humedad y el musgo que crecía por doquier me lo dejaban muy claro, frente a nosotros se alzaba un formidable portón de piedra, con una reja forjada, al parecer hacia mucho tiempo que se mantenía clausurada.. Pues la cerradura  y el candado parecían podridos de moho.
El caballero contempló mi decepción con una sonrisa sardónica y mientras sacaba una llave centenaria al menos por su aspecto, dijo algo que no llegué a entender,
La llave entró perfectamente, al girar la cerradura y abrirse la reja, me golpeó de lleno en la cara...
El viento salado agitó mis cabellos y la luz.. Oh señor! La luz inundó mis ojos y mi corazón embriagandome.
Una escalinata de piedra se extendía hasta una preciosa cala, arena fina y blanca como cristal reluciente, crecían hermosas plantas a su alrededor y había ¡arboles! Sol! Vida!.. Con una sonrisa inmensa me volví hacia el caballero que me sonreía igualmente.. Dijo: - Ve..
Y no necesité más para salir corriendo en dirección a la playa.. Toqué el mar, hice una corona de flores, me eché sobre la hierba caliente por el sol a descansar y me dormí con el aruyo de su calidez.

Cuando el soldado me despertó era casi de noche.
Me entregó la llave y me dijo que ella me mostraría el camino siempre que desease volver, que este lugar era un regalo de mi padre para mi, pero que debía ser un secreto, hice una promesa a mi padre mediante su enviado, que no le revelaría jamás a mi madre este lugar.
Y la rompí.


01 mayo, 2016

Maldito primero de Mayo


Este año, me ha pillado desprevenida..
No he sido capaz de contener la avalancha..
Esos mensajes tan bonitos en cada tienda..
Flores, bombones, corazones..
No es san valentin
Es peor..
Es el primero de mayo
Me enfado.
La publicidad masiva me arranca lágrimas..
Quiero dormir todo el día
Hasta que pase 
Quiero un milagro 
Un sueño, aunque sea..
Pero las sirenas son frías
Sirenas de cabello rojo escarolado
¿Podrias venir hoy a verme en la vigilia?
No estoy lo bastante demente como para verte.
Quisiera..
Solo otro maldito primero de mayo
No me dió tiempo
Para ser amigas,
Para entender mejor..
Para decir lo siento
Decir:

TE QUIERO