01 junio, 2016

1.La Roca *lágrimas de mar*

La fortaleza de mi Padre. Un palacio construdido sobre una isla, cubriéndo absolutamente todo el terreno, bajo los muros de piedra inamovible estallaba el oleaje..
Crecí viendo el mar.. Tan sólo el infinito azul desde cualquier vista.
Mi padre era un ser de oscuridad, un nigromante, era temido, como tan sólo son temidos los dioses. Y respetado por reyes y majestades de todo tipo.
En contadas ocasiones lo vi de niña... En el castillo no acostumbramos nunca de una vida familiar al uso, frecuentemente llegaban barcos al único puerto abierto en la isla.. Hombres de todos los rincones del mundo venían a precisar algún menester de mi padre.
Mi madre, al recordarla, siempre siento como un guijarro atrapado en la garganta,
Era la criatura mas hermosa que jamás contemplé.. Su tez casi irisada, aquella ternura inmensa en sus ojos verde mar, en su boca trémula y roja siempre quise adivinar un beso escondido.
Su voz, delicadas campanillas, 
Madre hasta que ocurrió la desgracia, jamás salió de sus aposentos, la recuerdo en el balcón apoyada mirando hacia el infinito mar, leyendo sobre su butacón o tejiendo afablemente junto al fuego... 
Ahora, al recordarlo, es extraño que nunca, me preguntase el porqué.. Pero no conocía nada más, la amaba.. 
Nunca pensé que hubiera algun secreto entre nosotras.
En el amanecer de mi quinto cumpleaños un caballero llamó a la puerta de nuestra estancia, sus golpes resonaron contra la madera polvorienta, dijo ser un hombre de la confianza de Padre y que su cometido era llevarme con él.
Por vez primera en mi corta existencia abandoné el gineceo escoltada por el misterioso caballero.
Recorrimos el laberinto de corredores y escaleras que formaban las entrañas del castillo, subimos y bajamos muchos peldaños también giramos a la izquierda varias veces. 
El caballero paró su marcha de golpe y por poco no me estrello contra su espalda.
Observé el lugar donde estábamos, se trataba de uno de los corredores exteriores, la humedad y el musgo que crecía por doquier me lo dejaban muy claro, frente a nosotros se alzaba un formidable portón de piedra, con una reja forjada, al parecer hacia mucho tiempo que se mantenía clausurada.. Pues la cerradura  y el candado parecían podridos de moho.
El caballero contempló mi decepción con una sonrisa sardónica y mientras sacaba una llave centenaria al menos por su aspecto, dijo algo que no llegué a entender,
La llave entró perfectamente, al girar la cerradura y abrirse la reja, me golpeó de lleno en la cara...
El viento salado agitó mis cabellos y la luz.. Oh señor! La luz inundó mis ojos y mi corazón embriagandome.
Una escalinata de piedra se extendía hasta una preciosa cala, arena fina y blanca como cristal reluciente, crecían hermosas plantas a su alrededor y había ¡arboles! Sol! Vida!.. Con una sonrisa inmensa me volví hacia el caballero que me sonreía igualmente.. Dijo: - Ve..
Y no necesité más para salir corriendo en dirección a la playa.. Toqué el mar, hice una corona de flores, me eché sobre la hierba caliente por el sol a descansar y me dormí con el aruyo de su calidez.

Cuando el soldado me despertó era casi de noche.
Me entregó la llave y me dijo que ella me mostraría el camino siempre que desease volver, que este lugar era un regalo de mi padre para mi, pero que debía ser un secreto, hice una promesa a mi padre mediante su enviado, que no le revelaría jamás a mi madre este lugar.
Y la rompí.


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