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18 mayo, 2016

El Bosque de los 1000 nombres

Sólo en sueños, en la neblina, he podido percibir ese paraje.
Un inmeso bosque, casi una selva, una tundra, aveces aterrador, frio y desolado, aveces florido y cálido.
Vago y confuso en origen, durante años creí que eran pesadillas, sueños, mi  imaginación delirante.
Pero eso fué hace mucho tiempo, cuando aun era inocente.
Soy vieja y he vivido casi un siglo entre este mundo y el Otro.. Guardé mis secretos, cumplí mi promesa.
En el ocaso de mi existir, he vuelto al origen, he vuelto a mi rebeldía, por eso escribo este manuscrito, aquí sola en mi alcoba a los ochenta y ocho años, escondida bajo las mantas escribo, como una posesa, una niña..
El bosque de los mil nombres es real.
El dolor es real, 
Allí conocí a los Otros.. 
Los sin nombre.. 
Las almas,
Yo les di nombres temporales en mi mente infantil, y sin saber nada de ese lugar los conjuré y até a mí por la eternidad.
Grun 
Rose
Lily
leizar
Elha
Ari
Puse muchos nombres, sólo tenia cuatro años cuando traspase el portal la primera vez. No sabia nada. 
Nunca había pasado antes, los niños si llegaban a traspasar el portal en sus mentes, solía ser de manera incompleta o errónea, además estaban tan aterrorizados que las sombras sólo tenían que deslizarse frente a ellos y arrancarles el alma, no se movían, ni se resistían el terror los paralizaba.
Pero no a mí.. Tuve miedo, sí, y lo tuve durante años, terror frío, de notar a alguien o algo observándome, acechando entre las sombras de las hojas..
Pero no estaba paralizada, me levanté y caminé entre los árboles.. Maravillada y aterrorizada a partes iguales, había todo tipo de árboles, enredaderas de hiedra verde, mazizos de zarzales enormes, espino,.. Era casi invierno en este momento en el bosque.. Pero aun sin nieve, aun con hojas.
No sabia nada, pero graciosamente tenia razón con eso de "en este momento".
Supe, aunque mucho mas tarde, en posteriores visitas, que tal cosa como la cordura en las estaciones no existía aquí.. Vi como aquel lugar se transformaba ante mis ojos de invierno a otoño en minutos.
luego a primavera sin ninguna transición. Aquel día sí me paralizó el terror y por primera vez ví realmente a las sombras. Serpientes de oscuridad, flechas envenenadas que saltaron desde todos los oscuros recovecos con las negras fauces abiertas sobre mi, me tapé con los brazos la cara pero me envolvieron.. Una serpiente negra enorme, eso era ahora.. Una serpiente con muchas bocas. En medio del pánico de pronto un relámpago de conocimiento, los nombré, a cada una de las crueles fauces que me amenazaban, porque noté su tristeza, su odio, su dolor.. A mi mente llegaron sus nombres sin razón lógica pero si sentida.. Grun, Rose,
Lily, Leizar, Elha, Ari.
Cerré mis ojos, la serpiente se había ido.. Sólo había personas de contornos tililantes en su lugar. 
- continuará- 

14 abril, 2016

Historias del pasado

Porque debería odiar verdad?
Olvidar, las cosas buenas, gratos pedazos
Las risas, carreteras.. Las orejas del gato
Pero, olvidé otras cosas.. Ya no importan,
No duelen, ya pasaron..
Dolor, es admitir los errores
Mirar y ver claro
Desandar el camino andado
Ver con los ojos desenfocados
Vomitar bilis culpable 
Esquirlas de cristal 
Del pecado..
Y sus cuitas, 
Sobrevivir para contarlo.
De pie, aquí me hallo
Paz para meditar
Lunas que gastar
Ojos claros al mar







27 junio, 2013

En mis sueños

Nací soñadora... E ilusa.. nací llorona y asustada...
No me debes nada... Solo era un sueño.. y en ellos siempre me sonríes... No quiero despertarme ningún día .. Despertarse y llorar tan natural como fumar.. ansiedad que me corroe... ¿donde esta el palacio de hielo?.. congela el momento.. suéñalo siempre... Detén la Nada... Esta matando mi reino.. se lo come... No quiero que sean mentiras... Corre... Regresa al olvidado invierno.. donde todo queda preservado... Como rosas eternas de cristal reluciente... Ahora eres parte de mi fantasía…

27 enero, 2009

Sigue el camino de baldosas amarillas...




... y llegarás a la Ciudad Esmeralda, totalmente destruida.
Todas las personas están convertidas en piedra.
 Sólo escucharás el chirriar de los rodadores, pues no se desplazan mas que por ruedas, como si fueran patinadores malignos que quieren arrebatarte tu gallina. Se esconden. "Ven aquí, gallinaaaa!"

Ya llevo algunas horas en Oz, o al menos eso me parece a mí. Qué desolación. Parece que me sumo en tinieblas cada vez que miro atrás la calzada hecha en un montón de mierda de yeso amarillo. Los adoquines destrozados hacen que tropiece y caiga varias veces, pero no dejo de correr, porque un silencio ensordecedor me abruma y me grita que corra, adonde sea, y da igual el paradero porque el rey gnomo me está vigilando. Las piedras te observan con sus ojos de agujero; incluso a veces sonríen con su mueca congelada. "Majestad: ha regresado a Oz".

Una pintada roja en una pared de la destruida Esmeralda: "BEWARE WITH THE WHEELERS". No me acuerdo de ellos. Las bailarinas han perdido la cabeza. Están decapitadas, pero parece que sigan bailando, convertidas en piedra blanca. Una mujer lee hojas de caliza, y los paseantes han muerto sin despedirse de su último movimiento. Un chirriar y una voz áspera me habla casi desde la nuca. No paran de reir y emitir cacareos. Entre mis brazos, Pelirroja está casi aplastada y me indica un posible escondrijo. Nos ocultamos detrás de una pared, tengo la llave de "OZ" que encontramos en el corral de Kansas.

Ozma me ha abandonado. Puede que muriera en el maremoto, que ahora se ha convertido en tierra y piedras. Es el Desierto de la muerte, que rodea Oz. Cuando estuve, volé por encima en mi antigua casa. Si alguien lo toca, se convierte en arena.
No puedo ir a ningún sitio. Ojalá esta fuera otra de mis pesadillas, pero este aire pesado y con olor a cal, con gusto a ruinas, y música del viento me hace recordar que esto no es mi casa, la muerte está presente a cada paso, pisando miedo y cabezas. Las piedras me miran desde abajo, a ras de muerte. El cielo es gris como una lápida, y parece inmóvil, vigilante, no está, acecha.

Si pudiera hacer algo, lloraría como en un cementerio. Sólo en un cementerio lloras de forma diferente, como si llorases rocas en vez de lágrimas: frío, soledad, viento silbante sin ventanas. Las cortinas están colgadas y no puedo verlas, pero se mueven. Es la quietud, no me espero tanta quietud en cualquier lugar del mundo. Tanta frialdad, la frialdad arenosa de la piedra, que ves que te sonríe, no cambia el gesto. Miras atrás, te vuelves a girar y ya no te observa... si sólo es una piedra.

Se me atranca la respiración entre el pecho y la garganta. Por más fuerza que haga, no puedo calentar mi aire. Es mi tráquea una bara de hierro, una tubería rota, y no sé por qué no logro acompasar los tiempos de mi corazón. Las baldosas están quebradas, partidas en varios trozos. Entre los huecos hay ojos que me observan, y sólo a mi, porque sólo estoy yo y no sé salir. Y yo me pasaría horas observando y sin ser consciente de porqué ni adonde, pero al menos podré creer que estoy viva de miedo en la tierra de Oz.