Cuando no podía dormir, me levantaba de la cama, acercaba la silla a la ventana y con mucho sigilo y tiento subía la persiana y abría el cristal...
Los tejados y los cables, antenas, pájaros, nubes, luces de otras casas, el silencio en la madrugada..
Toda la vida quise subir a ese tejado, el de la parabólica, pequeño y alto, con sitio justo para dos, me lo he imaginado tanto, que puedo notar en la piel el amianto
Grité desde esa ventana, lancé rollos de papel higiénico como serpentinas blancas interminables..
Quemé cartas de falso amor en el alféizar de piedra, ahora plástico cubre mis huellas.
El señor gato, nunca lo vi, pero estuvo presente, como tú, ébano displicente, él no era mi amigo... pero me aconsejó sabiamente...




